CLUBES DE BARRIO: EL LEGADO DE UN FENÓMENO VIGENTE. POR GUSTAVO ACOSTA

Creo que en la vida de cada uno de nosotros, es inevitable no haber tenido contacto directo o indirecto con alguno de ellos.

Son muchos a lo largo y ancho de nuestro territorio. Cada uno con su particularidad, con su historia, con su pertenencia y brindando la oportunidad de

un espacio de encuentro a los vecinos por múltiples motivos.

En la República Argentina, los clubes se encuentran organizados, en su mayoría, jurídicamente como asociaciones civiles sin fines de lucro, con el objetivo de realizar actividades o servicios para beneficio de la sociedad, sin buscar obtener ganancias económicas ni comerciales.

En la mayoría de los casos el objeto de desarrollo tiene que ver con actividades, sociales, culturales y deportivas y mantienen un formato de economía social.
En la Ciudad de Buenos Aires, ámbito en el cual me ha tocado abordar la gestión deportiva en los últimos años, podríamos decir que así como poseen similitudes también poseen diferencias, en cuanto a su infraestructura. Hay clubes grandes, medianos y chicos en función de sus instalaciones.

Por su economía, relacionado a la gestión de sus recursos y el potencial económico que ofrecen los mismos.

Por su contenido, así sea una oferta amplia de actividades o algo más especifico, algunos apuntan más a algunos deportes o al desarrollo cultural.

Por sus tradiciones, hay suficientes ejemplos de clubes que aún preservan sus tradiciones culturales relacionadas a la colectividad fundadora y en vigencia.

Por la diversidad de sus socios o usuarios, en un club conviven personas con distintos ideales políticos, deportivos y diferentes géneros donde toma suma relevancia el verdadero acto de inclusión y participación.

Y también por su localización geográfica, no es lo mismo aquella institución que está en un lugar de la ciudad de mayor poder adquisitivo que una que se encuentra en una zona más vulnerable con menos recursos.

Si bien, se los puede agrupar por similitud de características, también podemos decir que cada institución preserva su propia identidad.

En la Ciudad de Buenos Aires existen más de 400 clubes de barrio, en las 15 comunas y ofrecen sus actividades a más de 1 millón de usuarios.

 

En cuanto a legislaciones vigentes relacionadas directamente a clubes podemos mencionar las siguientes:

De CABA

Ley 1807 , año 2005

Artículo 1°.- Objeto. La presente ley tiene por objeto el fomento y promoción de las actividades de los Clubes de Barrio fortaleciendo su presencia en el ámbito de su comunidad.

, Ley 1624 , año 2010

Artículo 1°.- Objeto. La presente ley tiene por objeto regular, promover, fiscalizar y coordinar el deporte amateur y profesional y la actividad físico-recreativa, a nivel comunitario, reconociéndose una finalidad social.

NACIONAL

ARTÍCULO 1° — Objeto. Institúyase el Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo destinado a la generación de inclusión social e integración colectiva a través de la promoción, fortalecimiento y desarrollo de los clubes de barrio y de pueblo mediante la asistencia y colaboración, con el fin de fortalecer su rol comunitario y social

 

Para entender mejor este fenómeno que aún se sigue desarrollando, es importante al menos una síntesis histórica.

En los últimos años del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX cuando se extendió el hábito social de fundar clubes.

Esto fue producto del fenómeno migratorio, nacen como forma de organización legítima para aquellos integrantes de las distintas comunidades que durante su llegada buscaban mantener y construir lazos socio-culturales. Una costumbre que en muchos casos se tomó a Inglaterra como espejo siendo en poco tiempo furor e incluyendo todas las clases sociales.

Los clubes de barrio nacen junto con otras instituciones como las bibliotecas populares, los centros de fomento y las ya consolidadas sociedades de inmigrantes.

Aproximadamente desde 1880 a 1930 las características del desarrollo histórico se relacionaron con la transformación social de las ciudades haciendo hincapié en la mayor cantidad de habitantes a partir de la afluencia constante durante estos años de inmigrantes provenientes de Europa.

Surge así el fenómeno asociacionista que involucra a diversas instituciones que iban desde el mutualismo pasando por bibliotecas populares hasta instituciones como los clubes de barrio.  También se genera pertenencia en los barrios y sus clubes quienes procesan la cultura popular como lugar de socialización de todas las clases sociales

Pasado  1930 hasta la década del 70 aproximadamente aumentan los movimientos inmigratorios europeos sumando a éstos un nuevo fenómeno como las migraciones internas de las zonas rurales a las ciudades.

Estos cambios comenzaron a desarrollarse, a partir de la Primera Guerra Mundial y es ahí donde más se destaca el fenómeno asociacionista más específicamente de clubes de barrio deportivos y sociales siendo este tipo de institución la de mayor desarrollo.

Desde ese momento a la actualidad, podemos decir que las instituciones se han ido adaptando a las distintas variables y cambios que se fueron dando en la sociedad.

A la actualidad los clubes han enfrentado condiciones macroeconómicas adversas, en algunos casos insuficiencia de políticas públicas deportivas, nacen nuevos modelos de gestión para transitar los nuevos cambios, nacen y crecen nuevos deportes y/o prácticas culturales, se suma la tecnología a las estructuras de gestión y desarrollo entre otros ítems.

Un claro y actual ejemplo, fue la Pandemia, la cual en un punto enalteció la figura de los Clubes de barrio por su rol preponderante, asistiendo nos solo al vecino sino al también al estado con aquello que no dio abasto por la alta demanda.

Los clubes de barrio, fueron centros de testeo, comedores, centros de aislamiento, espacios áulicos entre tantas otras prestaciones.

El rol de cercanía que se dio con el estado, por ayudar a llegar a sectores que el gobierno no daba abasto con asistencia alimentaria, abrigo y elementos de higiene. Con sus asociados, que también brindaron su ayuda, en mano de obra y donaciones y fundamentalmente la cercanía entre instituciones, que generó más comunidad entre clubes, intercambio de recursos y la experiencia de que los dirigentes experimenten que realmente era difícil afrontar la pandemia solos.

Se resaltó también el sentido de pertenencia de cada institución, en clubes donde aún cesadas las clases, los socios seguían pagando las cuotas o en algunos casos abonaban por clases a distancia, donde los docentes buscaron la forma de desarrollar la enseñanza en un contexto donde la práctica deportiva estaba desnaturalizada y así cada actor de ese fenómeno que hace tanto nació, demostró estar más vigente que nunca en una de las peores pandemias de la historia.

 

Para concluir, podemos pensar que este mundo heterogéneo de instituciones, por su cantidad , por su calidad , por su irremplazable rol en el entramado es algo excepcional, que no solo mantiene el desafío de seguir manteniendo en el tiempo su esencia, su crecimiento,  el cumplimiento de sus objetos sociales , y fundamentalmente de seguir trabajando como lo fue haciendo a lo largo de su historia, a encontrar alternativas para ir a la par de los grandes cambios que, por cierto, cada vez suceden más rápido como el acceso a la tecnología, la jerarquización de sus recursos humanos, la formación de sus docentes, la adaptación de los modelos de gestión y no solo es tarea del dirigente sino también de incentivar propuestas legislativas y ejecutivas que otorguen garantías en el tiempo, y ayuden a afrontar los desafíos que el mundo moderno impone.

 

GUSTAVO ACOSTA

-Profesor Nacional de Educación Física

-Presidente del Club Fénix de Villa Devoto

Contacto: ef_gustavo@hotmail.com

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