CAPÍTULO 4
Deserción Temprana de Talentos Deportivos
- Crisis de identidad post abandono deportivo.
Para Barangé (2004) el término “abandono deportivo” se utiliza para referirse a tres situaciones distintas. En primera instancia se usa para hacer mención a un retiro de toda práctica deportiva, quebrando el itinerario deportivo realizado por el individuo hasta el momento, es decir refiriéndose al abandono por completo de la actividad en forma estricta. Otro uso es cuando el concepto se utiliza para referirse al retiro que posteriormente va acompañado por un cambio de disciplina deportiva, en pocas palabras un cambio de actividad que en ocasiones deriva en cambiar el deporte de élite por actividades de índole recreativas. Mientras que en última instancia se utiliza para denominar el caso de un cambio “automático” del sujeto de un deporte a otro, que se adapte mejor a sus necesidades, talentos y posibilidades. Así también aparecen otras delimitaciones sobre el concepto, basándose en hechos empíricos.
Guillet (2000) afirmaba que en los estudios realizados hasta entonces ningún autor había expresado algún tipo de concepción certera del término o qué entendían por concepto de “abandono”, apareciendo nuevamente este continuum de procesos que podría separarse en tres más pequeños:
- Abandono de la actividad específica.
- El cambio hacia otra actividad.
- El abandono por completo.
Al momento de intentar definir el concepto de abandono o retiro deportivo, resulta inevitable acudir a las causas del fenómeno para inmiscuirse en ellos y comprender su delimitación real. Un aspecto importante parece ser el autocontrol de la decisión de abandonar la actividad, debido a que en muchos casos los individuos dejan la actividad por causas incontrolables y fuera de su alcance, tales como: medios económicos insuficientes o inexistentes, exclusión por decisiones técnicas, lesiones que obligan al abandono o el no contar con un club apropiado al nivel del individuo (Cecchini, Méndez y Contreras, 2005; Gould, 1996; Petlichkoff, 1992). Así también el retiro puede deberse a razones de tipo controlables, de hecho a principios de la década de 1990 la literatura ya identificaba dos tipos de abandono:
- Un “abandono voluntario”, causado por factores negativos relacionados con la élite deportiva como lo es la presión desmesurada, la carencia de éxito y/o pérdida de éste, además problemas con quienes son entrenadores de los deportistas, lo que en algunos casos conlleva el abandono total de toda práctica deportiva.
- Un “abandono involuntario” relacionado habitualmente con lesiones deportivas, edad excesiva, no contar con instituciones o clubes dispuestos interesados en los deportistas, entre otras causas (Cecchini, Méndez y Contreras, 2005; Petlichkoff, 1992).
El modelo de trayectoria deportiva de Puig y Masnou (2010) intenta realizar una mirada global de la carrera deportiva del individuo, manifestando los factores que interactúan con ésta, durante las diferentes etapas de su duración hasta alcanzar la etapa de retiro.
- Abandono deportivo en contexto psicosocial.
Para Bourdieu (1993) el deporte ocupa dentro del espacio social un papel determinante al igual que otras actividades (tales como la política, la música, religión) empleando el término “campus” para referirse al universo deportivo, en este caso “campus deportivo”. Según éste autor el espacio social es mucho más que un espacio de posiciones, sino uno también de disposiciones de “habitus” que operan como agentes de cada campus, constituyendo estilos y concepciones de vida diferenciados, dependiendo del espacio de posiciones que el campus y el “habitus” estén ubicados.
El deporte de élite requiere un alto nivel de inversión de tipo física y emocional, lo que resulta lógico debido a la alta dedicación del individuo a la actividad (Brewer, Van Raalte, y Linder, 1993). Esta disposición de índole prácticamente exclusiva por parte del sujeto en el deporte, además de identificar el papel que los resultados tienen sobre los deportistas, son fundamentales para entender su desempeño y lo que ocurre una vez que el individuo abandona la actividad (Danish, 1983; Horton y Mack, 2000). Los resultados en este caso se posicionan en el núcleo de mayor importancia y atención del deportista, este enfoque puede ocasionar una posible crisis, además de dificultades una vez que el deportista termine su carrera de alto rendimiento, decisión que acarrea como consecuencia un cuestionamiento global de todas las dimensiones sociales y psicológicas del individuo construidas desde el deporte de alta competencia (Lavallee, Grove y Gordon, 1997).
El retiro deportivo en la mayoría de los casos no aparece como un inicio a una nueva etapa, sino más bien como una discontinuidad en el ciclo vital de un individuo, basados en esta afirmación, autores como González y Bedoya (2008), afirman que el retiro deportivo constituye uno de los procesos más trascendentes a los que puede enfrentarse un deportista, debido a que en dicha etapa se producen cambios físicos, psicológicos, sociales y económicos, entre otros. Sin embargo estos autores enfatizan en que no siempre se le presta la atención que se debiera a este proceso a pesar de su relevancia, más aún si consideramos el rol preponderante que ocupan los deportistas a nivel social, sobre todo cuando alcanzan elevados estatus de éxito que por consecuencia acarrean prestigio, atención del medio y reconocimiento, sin embargo después del abandono deportivo esta situación cambia drásticamente. Lo expresado anteriormente denota lo complejo del proceso de retiro. Enmarcado bajo estas afirmaciones Brewer, Van Raalte y Linder (1993) expresan que las dificultades para asumir el retiro y la situación permanente fuera de la actividad deportiva, se verá directamente determinada con el grado de adaptación que logre el individuo, así como también el tiempo que dure el proceso de inserción en otro tipo de rol o actividad. Todo este proceso ha intentado ser intervenido con programas de asesoramiento (Lavallee, Grove y Gordon, 1997), que intentan posibilitar una conducción durante el período de retiro y una mejor adaptación del deportista a su nueva vida. A pesar de aquello la experiencia habla de cómo los deportistas se reúsan a adoptar nuevos papeles, teniendo considerables problemas en la inserción laboral (González y Bedoya, 2008).
- Abandono deportivo y transición identitaria
Se han hecho diversas investigaciones respecto a los problemas asociados a la retirada deportiva, en estudios con ex deportistas de nivel olímpico, estos individuos afirman haberse enfrentado a problemas emocionales de índole severos, además de haber vivenciado un período muy difícil de transición hacia sus nuevas ocupaciones, expresando también que aún no se sentían completamente recuperados desde el punto de vista psicológico, teniendo la percepción de un proceso no superado. Los deportistas profesionales expresaron haber experimentado un ajuste emocional moderado o severo, así como también problemas graves de pérdida de identidad y sensación constante de aislamiento.
De acuerdo con este tipo de planteamientos el atleta de alto rendimiento estaría sometido a una pérdida permanente de la función y relevancia social durante su retiro, siendo expuesto a una evaluación negativa o rechazo social permanente, existiendo un paralelo entre el proceso de jubilación laboral tradicional y el proceso de retiro deportivo, asumiendo este último como el fin de la vida útil del sujeto ante la sociedad (Atchley, 1981; Mc Pherson, 1980; Rosenberg, 1981).
Heymans y Rotella (1986), así como Ogilvie y Howe (1982), han identificado las etapas del duelo, en los atletas que han abandonado el deporte de alta competencia. Este tipo de sintomatologías son comunes de observar en pacientes hospitalizados con enfermedades crónicas terminales, con aceptación personal de una realidad inevitable de muerte. Esto supone un paralelo entre la reacción de deportistas de élite retirados y cómo los seres humanos reaccionan ante una muerte próxima, consciente e inevitable (Lerch, 1981). En este caso, en ambos roles hay una situación inminente que afrontar y una condición nueva e indeseada que asumir, caracterizada por la negación de la pérdida, seguida por reacciones de ira, intentos de retrasar los sucesos, una etapa depresiva y terminando por aceptar la nueva situación (Ogilvie y Howe, 1982).
Evidentemente para la Tanatología y Gerontología social, el retiro deportivo sería un final abrupto de características negativas, tanto en deportes colectivos como individuales. Sin consideración de la posibilidad de desarrollar una nueva identidad y roles diferentes a los deportivos después de la finalizada la carrera deportiva (Grove, Lavallee, Gordon y Harvey, 1998; Wylleman, De Knop, Menkehorst, Theeboom, y Annerel, 1993). La disconformidad con éste tipo de enfoques sobre el fenómeno del abandono deportivo y las investigaciones que han revelado hallazgos que van más allá de resultados generalizadores respecto a este proceso ha llevado a la aparición de nuevas teorías en torno al objeto del retiro, que permiten apreciarlo como una “transición” hacia un nuevo estado posterior, posibilitando un nuevo rol social (Werthner y Orlick, 1986).
Las perspectivas que asumen el retiro deportivo como un proceso de transición a otra instancia afirman que en realidad se trata de una discontinuidad en la vida del sujeto (Crook y Robertson, 1991). Esto basado en las particularidades que posee el fenómeno del abandono deportivo, considerando la corta duración de la carrera como atleta de élite, la edad de los individuos y las causales en que se sustenta para retirarse.
A pesar de que teóricamente se acepta esta ambivalencia en la que el sujeto desarrolla procesos paralelos que le permiten reinventarse luego de un proceso similar a un paréntesis, el conjunto de comportamientos, actitudes y forma de enfrentar el mundo irán adaptándose al nuevo rol o circunstancias de forma progresiva y no de forma radical (Wylleman, De Knop, Menkehorst, Theeboom y Annerel, 1993). Danish, Petitpas y Hale (1993) definen la etapa de transición o retiro deportivo como un proceso complejo el cual se prolonga desde que el atleta comienza a anticipar el final de su carrera deportiva hasta que ya se encuentra adaptado a su nuevo rol, considerando todo lo que esto implica, refiriéndose a la adaptación social y psicológica principalmente.
El retiro dentro de la vida de un deportista de élite constituye la última etapa de su carrera deportiva, a pesar de esto todos los diversos aspectos de su vida estarán condicionados ampliamente por las diferentes etapas deportivas vividas con anterioridad en la trayectoria del sujeto, las cuales pueden dividirse en iniciación deportiva, desarrollo deportivo, maestría deportiva y etapa de retiro, esta última siendo acuñada también en ocasiones como fase de reubicación (Wylemann y Lavallee, 2004)
En la etapa de “iniciación deportiva” existe la dependencia absoluta del grupo familiar, caracterizándose por el apego paternalista hasta la etapa final donde el individuo en la mayoría de los casos tiende a formar un nuevo grupo familiar y poseer un fuerte vínculo con su entrenador.
El Concepto de transición, según Schlossberg (1981), se produce cuando algo de alta o baja significancia para el individuo puede producir un cambio en el autoconcepto del sujeto y de su mundo que requieran una mutación en el comportamiento como adaptación a la nueva situación. Este tipo de etapas son puntos evidentemente críticos en la vida de un deportista, debido a que tal cual como se ha mencionado con anterioridad, inducen cambios en el ambiente, incorporando aspectos tanto previstos como imprevistos, los cuales potencialmente pueden ser negativos así como positivos, pudiendo ocasionar altos grados de estrés debido al constante clima de inestabilidad al que se ve sometida la persona (Brammer y Abrego, 1981).
Considerando los antecedentes respecto al concepto de transición es efectivamente posible poder afirmar la posibilidad de que el sometimiento a una situación de estas características para un deportista en etapa de retiro pudiese provocar una disminución sustancial del nivel de autoestima de forma temporal, además de afectar de forma negativa la percepción subjetiva de bienestar personal, esto producido por la “remodelación del total del individuo” (Kim y Moen, 2001). Es evidente que las transiciones, al provocar cambios internos y externos para el individuo, requieren de ajustes psicológicos por parte del sujeto, afectando de forma considerable el entorno social que la persona posee, el cual es determinando en la construcción psicosocial del sujeto y su concepto de identidad (Bridges, 1980; Kim y Moen, 2002). Según Reitzes, Mutran, y Fernández (1996) aquellos individuos que se han dedicado férreamente a algún tipo de función (como el deporte de élite) pueden verse enfrentados a una reconstrucción de su propio concepto de identidad durante un proceso de transición significativa, traduciéndose en una baja de autoestima considerable, seguido por un período de reajuste y una redefinición de sí mismo coherente al nuevo medio y funciones. El concepto de redefinición personal resulta fundamental en cualquier proceso que requiera adaptación e incorpore una transición marcada, debido a que cualquier cambio en la vida del ser humano implica a menudo pérdidas, requiriendo ajustes complejos, a pesar de esto el individuo suele utilizar éstas ocasiones como una oportunidad de desarrollo personal (George, 1993). Este período de ajuste psicológico se basa en la adaptación de las expectativas, valores y normas internas de los sujetos, de acuerdo al nuevo entorno en el que se encuentren (Kim y Moen, 2002), dando pie para que se produzca una transición después del retiro del deporte de élite basada en la dinámica de: crisis y superación.
Éste proceso está marcado como una etapa de dudas constantes que los deportistas deberán enfrentar, afectando no tan sólo el autoconcepto personal del individuo, sino también notoriamente la calidad de vida del sujeto (Ogilvie y Howe, 1982; Pearson y Petitpas, 1990), pero debido a que se trata de un proceso dinámico tales cambios simplemente forman parte de un ciclo de adaptación, retornando al ex deportista a un estado de equilibrio.
- Síndrome de Burnout
El abandono de la práctica deportiva muestra una relación importante con el síndrome de Burnout, entendido como un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal (Maslach y Jackson, 1981). Según Garcés de los Fayos (1993, 2004), y sobre el fenómeno del Burnout, éste sería un problema que radica en la organización social, por lo que sugiere la necesidad de implantar estrategias de intervención dirigidas a modificar:
- Las relaciones sociales asociadas con la participación deportiva de élite.
- La cantidad de control que se ejerce sobre los jóvenes deportistas en relación a su vida, dentro y fuera del deporte.
- La falta de habilidad que los jóvenes deportistas tienen para valorar críticamente por qué participan en el deporte y cómo la participación deportiva ata el resto de sus vidas.
- La organización social de los programas deportivos de alto rendimiento y las condiciones de entrenamiento y competición en dichos programas.
La organización en los clubes, el planteamiento de entrenadores, familiares y medios de comunicación ocasionan, en los deportistas jóvenes, unas presiones sociales que pueden derivar en la aparición de las características de este síndrome. Y es que debemos meditar sobre el contexto social como fuente estresora principal.
Tal y como cuenta Eneko Pou en una entrevista, “las redes sociales influyen considerablemente en la salud mental de un deportista, generan más estrés y hacen que la autoexigencia sea mayor, llegando a unos niveles muy poco saludables”. En este contexto, también menciona en su entrevista, Alberto Recuero, que “las tecnologías tienen mucho que ver con los problemas psicológicos de los deportistas, ya que esto implica una superficialidad que, en muchas ocasiones, frustra a dichos deportistas al no existir unas expectativas reales”.
La presión a la que están sometidos los deportistas durante una competición es muy elevada, y esto aumenta, como se ha mencionado anteriormente, y tal y como apunta Pablo del Río, (psicólogo de la Unidad de Psicología de la Agencia Española de Protección de la Salud): “Cuando un deportista tiene expectativas externas y está pensando en la prensa, en los demás o en lo que pensarán de él; o en las expectativas de conseguir medalla, el fracaso suele ser mayor”
CAPÍTULO 5
- Alto rendimiento y Salud Mental. Importancia y consideraciones en la actualidad.
Según el Dr. José Luis Ibáñez, psiquiatra del Instituto Psiquiátrico Sagrado Corazón, la exigencia de los deportistas de élite, en muchos casos derivada por acuerdos comerciales, hace que ellos lleguen a sufrir de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad que conlleva a un consumo de sustancias y al suicidio, en casos más graves.
“Ser el número uno o estar en la élite mundial conlleva mucha presión mental para alcanzar las medallas y trofeos. Ese estrés puede ser perjudicial.
La depresión y el suicidio son temas que no se abordan en el deporte profesional y en muchos casos se lo mira como un tabú. El suicidio está asociado muchas veces a trastornos mentales y el más común de esos trastornos es la depresión”, reseña.
“Cuando alguien presenta una tendencia hacia la tristeza, a no expresarse y aislarse, estar ensimismado, con mucha desazón y les cuesta levantarse para hacer sus actividades, esos ya son síntomas de depresión. En el deporte élite, Simon Biles y Michael Phelps tuvieron inconvenientes con la depresión, al no mantener una motivación suficiente para realizar su práctica deportiva debido al agotamiento mental que produce la depresión”, explica.
- El entrenamiento de la fortaleza más compleja
Ibáñez citó el caso de River Plate. Su entrenador, Marcelo Gallardo, incorporó a su staff a Sandra Rossi, para aplicar un entrenamiento basado en la neurociencia. “Hay un montón de pequeños mundos por resolver en las cabezas de los jugadores. Aquellos que piensan mejor y más rápido hacen la diferencia. El cuerpo se cansa pero la mente no tiene que cansarse, ya que cuando el físico no responde, la diferencia se la hace en la cabeza”, reconoció el propio DT argentino.
La exigencia del alto rendimiento actual hizo que los equipos técnicos deportivos incorporen a psicólogos y neuropsicólogos para cumplir con evaluaciones de su motivación frente a las estimulaciones psicológicas, dependiendo del estado mental y los niveles de estrés que manejan los deportistas.
La incorporación de estos profesionales de la salud mental apunta a mejorar la concentración, administrar mejor la ansiedad, superar la inseguridad y a que la motivación se mantenga con pensamientos relacionados con el juego y el alto rendimiento para obtener una victoria. Estos procesos son evaluados de forma periódica.
“Los deportistas requieren de un enfoque adecuado del juego para tener la capacidad de procesar la información. Son detalles que solo los puede hacer un profesional de la salud mental. Recordemos que la mente también es parte de nuestro cuerpo y debe entrenarse adecuadamente, aunque sea la fortaleza más compleja en hacerlo”, añade Ibáñez.
El caso de Santiago ‘El Morro’ García, delantero de Godoy Cruz de Mendoza, encendió las alarmas en Argentina para atender de mejor manera la salud mental de los deportistas. El futbolista uruguayo que aún conserva el título de máximo goleador histórico de “El Tomba” en Primera División, se suicidó cuando todavía se encontraba con tratamiento psiquiátrico debido a un cuadro de depresión, el cual se agravó en diciembre de 2020, cuando el presidente del club lo separó aduciendo que “su ciclo había terminado porque profesionalmente no cumplió”.
- Casos más relevantes de deserción en el alto rendimiento, a causa de su salud mental.
★ Delfina Pignatiello, una nadadora de élite que se hartó de la presión mediática
La deportista argentina, con tres oros en los Panamericanos de 2019, decide dar un paso al costado a los 22 años abrumada por las críticas después de su eliminación de Tokio 2020.
La carrera de la nadadora argentina Delfina Pignatiello, de 22 años, fue tan explosiva como fugaz. Antes de cumplir los 20, logró tres medallas de oro en los Juegos Panamericanos de 2019 y se convirtió en la primera atleta del país sudamericano en la lista de clasificados a los Juegos Olímpicos de Tokio.
La joven promesa era una de las grandes esperanzas de Argentina. Pero el sueño se transformó en una pesadilla cuando la nadadora fue la última en tocar la pared de la piscina de la capital japonesa. Sus marcas en 800 metros y en 1.500 metros quedaron lejos de las obtenidas por sus rivales e incluso de las suyas propias. El golpe personal por la descalificación se agravó con las durísimas críticas recibidas a través de las redes sociales. Fue un momento de quiebre del que no salió igual. A menos de un año de su tropiezo en la cita olímpica, Pignatiello ha anunciado que se marcha, hasta nuevo aviso, de las competencias.
“En mi corazón quedará para siempre el orgullo, la alegría y el honor de haber representado nuestra celeste y blanca estos años con tanta pasión. Ahora quisiera contarles que hace unos meses tomé la decisión de hacer un paso al costado del alto rendimiento y la competencia”
Pignatiello, anunció que el deporte ha pasado a formar parte de su vida de un modo distinto al de la última década, centrada en la competición. “Sigo nadando y estar en el agua seguirá siendo siempre mi lugar en el mundo”
- Fedra Luna Sambrán (Actual atleta de medio fondo – Integrante del seleccionado Argentino de Atletismo. Ex nadadora de alto rendimiento).
Entrevista:
“Yo nadaba desde los 6 años, comencé en el colegio como actividad extracurricular, más o menos a los 9 me metí en un club de barrio y toda mi parte de adolescencia anhelaba escalar más alto en el deporte que en ese momento yo había elegido que era natación así que me mude con toda mi familia a capital, mi hermano también nadaba y me acompañaba, empezamos a nadar en River en la alta competición combinándolo con el colegio, teníamos una carga importante de entrenamiento, nadabamos 6 hs de mañana y 3 horas por la tarde – noche. Después yo decidí pasarme a la disciplina de aguas abiertas lo que me demandaba mayor carga horaria y volumen de entrenamiento, en ese momento yo tenía 16 años más o menos.
Una de las tantas cuestiones por las que deje de nadar, es obviamente que estaba atravesando por la adolescencia, una edad en la que querés salir, conocer gente, juntarte con tus amigas y yo no lo podía hacer mucho. Nadaba doble turno de lunes a viernes y un solo turno los sábados y domingos, mis compañeros de colegio salían los fin de semana y a mi mucho no me importaba en ese momento porque estaba entrenando fuerte para uno de los torneos más importantes de ese momento y el no haber clasificado habiendo dado todo y teniendo 18 años, ese fracaso me frustró muchísimo con mi mentalidad de adolescente y toda la carga emocional y psicológica que yo traía, esto me llevo a tener muchas discusiones con mi entrenador que me entrenaba desde los 14 años, casi como un padre para mi; también en ese momento estaba teniendo problemas alimenticios y se me juntó todo. La sumatoria de todas estas cosas me llevo a esto, quizás una persona más madura con 21 años no se lo hubiera tomado asi, ya había hecho 12 años de natación con muchos cambios, disciplina cambios de vida, llevar el colegio adelante, era abanderada y también tenía una carga académica importante, era bastante además de saber la carrera universitaria que iba a seguir, pero insisto no fue algo puntual sino una sumatoria de cosas teniendo en cuenta la etapa de adolescencia por la que estaba pasando”.
“En el periodo en el que no estuve entrenando que fue más o menos 2 o 3 años sin hacer actividad física decidí pegar un volantazo y dedicarme a estudiar y trabajar, hasta que cuando conocí a Luis me picó el bichito de vuelta, fue en mediados de 2016, julio creo. Recuerdo que empecé a correr cerca de los lagos de Palermo, ahí me encontré al Running team y ahi llegue re contenta a mi casa, le dije a mi mama que me re gustaría entrenar con ellos, el primer día que Luis me hizo trotar me dijo que fuera directamente al CENARD pero yo ahí no quería volver, pero me insistió tanto que fui. Empecé a entrenar y me sentía súper bien con el grupo.
Mi sueño siempre fue ser olímpica desde que nadaba y ahora lo sigo sosteniendo, no es fácil llegar a ser olímpico y cuando empecé a correr lo tomé más como algo recreativo, estaba trabajando y todo eso, pero de repente empecé a ir al CENARD cual niña motivada, me sentía como la Fedra chiquita de 15 años que se ve en una final de 1500 mts. Lo hablé con mis padres que siempre fueron mi apoyo moral y de valores más allá de lo económico, que me aguantaron siempre todo eso, para mi ellos son mis mejores sponsors.
Ahora estoy preparando 1500 y 5000 para el clasificatorio de París 2024”
“Antes de obtener mi último logro venía de una lesión tras otra, de una cerrada de puerta tras otra, había comenzado a trabajar en la peluquería y por un momento pensé que ya estaba, que ese era el límite, había estado 3 años sin aparecer en competencias y eso me demandaba que tenía que volver a reconstruir marcas pero cada vez que lo hacía me lesionaba. Ahí fue cuando empecé a buscar ayuda de un psicólogo y además de tratar temas personales, abordaba todo lo referido a las competencias y a la preparación y como me pongo yo ante las pruebas porque estaba muy afectada psicológicamente por este tema de las lesiones. Así que decidí tratarme y ver cómo podía aclarar mis ideas, si la cosa era dejar de correr bienvenido sea y si decidía seguir bueno, tenía que reinventarme”
“Por suerte decidí intentarlo una vez más, contando con el apoyo profesional, el de mi pareja y de prieto, una persona muy especial que conocí en España”
- Simone Biles, Gimnasta Artística estadounidense. 5 veces campeona mundial, medalla de oro olímpica Río 2016.
«Tengo que concentrarme en mi salud mental».
Simone Biles, la estrella olímpica de EE.UU., explicó así por qué se retiró de la final por equipos de la gimnasia femenina en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
La cuatro veces medallista de oro, abandonó la arena después de la prueba de salto, lo que significó un duro golpe para las aspiraciones del equipo estadounidense. Hasta ese momento había alcanzado 13.766 puntos, la calificación más baja de su marca personal en unos Juegos Olímpicos.
«Después de la actuación que hice, simplemente no quería seguir», dijo Biles, quien confirmó que no sufría ninguna lesión física.
«Tengo que concentrarme en mi salud mental. Simplemente creo que la salud mental es más importante en los deportes en este momento. Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos», expresó.
«Ya no confío tanto en mí misma. Quizás esté envejeciendo. Hubo un par de días en que todo el mundo te tuitea y sientes el peso del mundo», explicó la gimnasta de 24 años.
«No quería salir y hacer algo estúpido y lastimarme. Siento que muchos atletas que han hablado al respecto [sobre la salud mental] realmente han ayudado (…) Es algo muy importante, son los Juegos Olímpicos, pero al final del día no queremos que nos saquen de allí en una camilla».
- Michael Phelps (Ex Nadador olímpico estadounidense, con un total de 28 medallas.
En enero de 2018, Michael Phelps le confesó al mundo que a pesar de sus logros sufría una profunda depresión que lo había dejado al borde del suicidio. En aquel entonces, explicó en varias entrevistas que esa etapa oscura de su vida había sido superada, pero luego, en mayo de 2020, reconoció que eso era mentira.
Según una carta que escribió para el sitio de ESPN, el nadador atravesó un mal momento emocional a causa de la cuarentena por la pandemia del coronavirus. Como muchos establecimientos en donde podría entrenar estaban cerrados para evitar el contagio, él había perdido lugares en donde explotar todas las emociones que antes utilizaba para mejorar su rendimiento.
En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Michael Phelps hizo historia al colgarse ocho medallas de oro, algo que ningún deportista había logrado hasta entonces. El ex nadador dejó atrás el récord de Mark Spitz en Múnich 1972 y llevó a su país a la gloria al sumar preseas doradas en 200 metros libre, 100 metros mariposa, 200 metros mariposa, 200 metros midley, 400 metros midley, 4×100 libre, 4×200 libre, 4×100 midley, estableciendo un nuevo récord mundial en casi todas las competencias, a excepción de 100 metros mariposa, en el que también rompió la marca olímpica.
Tras una vida de éxito, se despidió de la actividad en Río 2016, Juegos en los que acumuló cinco oros y una plata, pero su éxito personal no ha exceptuado al estadounidense de esta enfermedad que lo aqueja desde hace tiempo.
En su carta pública de 2020, el ex nadador de 35 años se mostró agradecido por no tener problemas económicos como muchas familias en el mundo, porque sino habría otra preocupación en su cerebro. Pero a pesar de que está rodeado de su familia y que ha superado el peor momento de sus conflictos, fue sincero: “Aquí está la realidad: nunca me curaré. Esto nunca desaparecerá. Es algo en lo que he tenido que aceptarlo, aprender a lidiar con eso y convertirlo en una prioridad en mi vida. Y sí, es mucho más fácil decirlo que hacerlo”.
“Hay momentos en los que me siento absolutamente inútil, donde me apago por completo pero tengo esta ira burbujeante que está por las nubes. Si soy honesto, más de una vez grité en voz alta: ‘¡Ojalá no fuera yo!’. A veces hay una sensación abrumadora de que no puedo soportarlo más. Ya no quiero ser yo”, explicó sobre qué siente.
En aquel escrito Phelps había reconocido que sus hijos son de gran ayuda porque sus abrazos y sonrisas le permiten olvidarse de sus demonios, como él mismo los definió, y disfrutar de un rato sin ansiedad ni preocupaciones. Sin embargo, tanto él como su familia han tenido que acostumbrarse a vivir con episodios constantes de negatividad.